A finales del mes de mayo nos dirigimos un viernes con muchísimas ganas hacia Ordesa para hacer noche en Góriz y subir a Monte Perdido a la mañana siguiente.

Ordesa nos recibió con un tiempo espléndido; uno de esos días largos que preludian la llegada inminente del verano y en los que la naturaleza se muestra exultante. Dejamos el coche en la pradera y empezamos a caminar.

Enseguida llegamos a la cascada de arripas. La cantidad de agua que baja y el verde del bosque nos hipnotizan de tal forma que no nos damos cuenta de lo lentos que vamos, así que ponemos la directa y aumentamos el ritmo para llegar a tiempo a la cena en el refugio.

Un vistazo hacia atrás en la zona de las gradas de Soaso...

... Una parada en la maravillosa Cola de caballo y para arriba.

Disfrutando un rato en las clavijas de Soaso.

Al poco de superar las clavijas el camino pierde desnivel y ya se puede ver completa la "joroba" característica del Cilindro de Marboré. Al pasar por esta zona nos sorprendió la cantidad de marmotas que había y que salieron disparadas en cuanto se percataron de nuestra presencia.
Llegamos a Góriz justo para cenar y enseguida a la litera a descansar.
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La mañana (últimas horas de la noche, en realidad) apareció limpia de nubes y con una temperatura impensable (14 grados a las 5.30h).
El día tenía todos los ingredientes para convertirse en una jornada inolvidable y desde luego no nos defraudó.

La subida desde el refugio ya no ofrece tregua; un constante zig zag con buena pendiente pero sin ninguna dificultad salvo el propio desnivel.
Superada la llamada Ciudad de piedra aparece a nuestra derecha la pala final de Monte Perdido que conduce a la antecima.

Un esfuerzo más nos deja rozando los 3.000 m. en el Lago helado, flanqueado por el Cilindro a un lado y al otro el Perdido.
A la belleza de sus aguas se añade, sin duda, la del impresionante entorno.

Nos ponemos los crampones y desempolvamos el piolet. Hay huella reciente muy marcada y la nieve está bastante buena para caminar.
Vamos allá...

Aquí sufriendo un poco. Se ve siempre cerca pero aún queda un trecho considerable.
También nos vamos poniendo serios para no perder la concentración de lo que estamos haciendo y por dónde vamos a pasar: Superada la zona de sombra estaremos cruzando la escupidera.

Eh, voilá!!! Por fin cumbre. Miles de sensaciones indescriptibles estallan a la vez... Soy incapaz de transmitir con palabras lo que se siente ahí arriba; los que habéis estado sabeis de qué hablo.
(Mi amigo Agustín me sacó una foto de montañero profesional, jeje; la ocasión lo merecía)
Alucinando con las vistas desde la cumbre. Mirando al sur, el valle de Ordesa y Punta Tobacor
El Cilindro de Marboré y lago helado; parece tan lejano y sin embargo acabamos de pasar por ahí
Hacia el norte, la Brecha de Tucarroya sobre el Ibón de Marboré completamente helado

Una preciosa vista del Cañón de Añisclo. Al fondo a la izquierda se puede apreciar entre la calima la mancha azul del pantano de Mediano cerca de Aínsa.

Después de un largo rato de estar tocando el cielo hicimos acopio de fuerzas y comenzamos el descenso con pocas ganas (uno no bajaría nunca) sabiendo además que lo primero que nos íbamos a encontrar era con el nuevo reto de pasar la escupidera (esta vez con la nieve más blanda y las piernas algo frías)
Se nos unio en la bajada hasta el lago un compañero madrileño al que se le había roto un crampón justo al abandonar la cima, así que fuimos manteniéndonos juntos por si acaso. (En la foto se puede ver lo engañosa que es la pendiente; la sensación es de resbalar en dirección al ibón pero la pendiente está orientada en este tramo hacia la izquierda de manera que la montaña te "escupe" hacia el vacío)

Una vez rebasado el lago helado la bajada es rápida hacia Góriz. Después de reponer fuerzas en el refugio emprendimos el regreso a la pradera. Justo antes de alcanzar la parte más abierta del valle de Ordesa descubrimos que el deshielo provocaba esta cascada temporal casi como un anticipo de la Cola de Caballo que encontramos más abajo.

Última vista aérea del valle antes de coger las clavijas

La magnífica Cola de Caballo...

... y el regreso al mundo de los mortales un poco más "coloraos" de piel y más cansados aunque con las mochilas cargadas de recuerdos imborrables.
Espero poder repetirlo pronto.